
miércoles, 19 de enero de 2011
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CULTURA
17/11/2009
Meko Soler, «Huesped de Honor» en Famaillá, Tucumán
El artista residente en Avellaneda participó de un Encuentro Internacional de Escultores
El escultor chaqueño pero afincado en Avellaneda desde hace más de tres décadas, Ramón Américo “Meko” Soler, fue seleccionado para representar al municipio y a la provincia de Buenos Aires durante el “Primer Encuentro Internacional de Escultores”, que se desarrolló en la ciudad tucumana de Famaillá, entre el 12 y el 17 de octubre pasado.
Además, Meko Soler fue declarado “Huésped de Honor” por el intendente de Famaillá, Juan Enrique Orellana, por su “destacada trayectoria y labor como escultor”.
Consultado sobre los pasos que le permitió participar de este simposio, Soler explicó: “yo mandé una propuesta con un dibujo de la obra, cuya temática era cultura precolombina, y el comité organizador me seleccionó junto a otros escultores nacionales y extranjeros para hacerla, in situ, en una semana”.
La obra propuesta por Soler, denominada “Princesa Azteca”, fue hecha en madera de lapacho, con un tronco de dos metros de alto. “Mi objetivo fue recrear la imagen azteca, donde las deidades eran representadas mediante especies de monolitos. Una escultura de presencias muy arcaicas con reminiscencias antiguas y dibujos geométricos”, explicó Meko Soler.
Si bien la idea ya estaba pensada y plasmada en un proyecto, trabajar in situ y con un plazo para terminar la obra representa todo un desafío para el artista. “Uno empieza con cierto nerviosismo -sostuvo Meko- pero una vez que se rompe el fuego, ya empezás a trabajar con más calma”.
“Princesa Azteca”, que pesa doscientos kilos y está valuada en 2500 dólares, será emplazada en el Museo a Cielo Abierto “Juan Carlos Iramaín”, ubicado en
“Ese Museo es una avenida, cuya plazoleta lleva las esculturas de distintos artistas -comentó Meko Soler- y tuve el honor de que me preguntaran qué pedestal quería para emplazar mi obra”.
“Me gustaría que en algún momento se pudiera hacer esto con gente de Avellaneda. Hubo intentos de hacerlo en Roca, pero debería hacerse en lugares donde la gente lo pueda ver, como en Plaza Alsina, e incluso trabajar a la vista del público”, recomendó.
“Una cosa es una obra en un museo, que se ve un día, y otra a cielo abierto donde está la gente trabajando y el vecino puede apreciar el esfuerzo que demanda hacerlo”, remarcó.
Por otra parte, resaltó la importancia de los “premios adquisición” porque “el reconocimiento del artista es que la obra sea comprada, en el caso de Famaillá compraron por mil doscientos pesos un trabajo que cuesta dos mil quinientos dólares, también le sirve a los municipios para capitalizarse”.
Meko Soler no es muy adepto a participar de concursos porque, como la mayoría de los artistas, la parte burocrática de la presentación de documentación lo aplaca un poco. “Los concursos no son algo que me interesen mucho; por ahí mando y, si soy rechazado, por un tiempo no mando más, pero ahora mi colaboradora Yésica Cadillac se encarga de preparar las carpetas y la documentación para participar”, explicó.
“En ese sentido, en febrero ganamos en Santa Clara del Mar el tercer premio en un Simposio, en el que trabajé en madera”, agregó.
Con el correr de los años, Meko Soler logró trascender fronteras y llevar su arte a distintos lugares del país. En la actualidad, se encuentra trabajando en un busto de granito reconstituido del poeta Mario Nestoroff, que va a ser emplazado en la ciudad de San Bernardo, en Chaco.
“Es similar al que ya ha sido colocado en la ciudad de Las Breñas, pero al mismo tiempo son distintos porque cada trabajo te lleva a ver otras cosas –aseguró- el de Las Breñas era cuando Nestoroff tenía veinte años -comentó- mientras que el otro es una imagen de cuando tenía treinta y cinco”.
Meko Soler, algo más que un artista. Como bien se define él: “Un obrero de la madera que todos los días se levanta para tratar de proyectar algo y que, ese algo, trascienda más allá de la persona que lo hizo”.
martes, mayo 27, 2008
Performance de Improvisación Libre de Música y Escultura
Estado de ánimo actual: animado/a
Performance de Improvisación en Música y Escultura:
Dúo Conde Larrosa + Meko Soler
Creación espontánea y simultánea de una obra musical y otra escultórica
Los artistas:
Luis Conde (clarinetes soprano y bajo)
Alcides Larrosa (guitarra española de ocho cuerdas)
Meko Soler (escultura en madera)
Hay, sin duda, en las artes, ciertos territorios comunes. Se suelen analizar las similitudes estructurales, procedimentales o conceptuales en obras de distintas artes creadas a través de un proceso compositivo, es decir, un proceso mediante el cual el artista genera, utilizando los recursos que tiene disponibles, un objeto artístico: su obra. Dicho objeto estará destinado a la apreciación del público oyente, espectador, etc., según de qué arte se trate.
En el caso de la música lo más habitual es que existan dos etapas, por así decirlo, antes de que una obra se realice en un auditorio: la primera es el proceso compositivo, en el que la obra-objeto es creada y registrada de alguna manera para, posteriormente, en una segunda etapa, desarrollar un proceso de análisis e interpretación. Este segundo proceso creativo es condición para que la obra-objeto pueda ser recreada frente al público.
Pero hay otro modo de creación musical:
Ahora bien, hablemos de obras no-compuestas y especialmente, de obras creadas en tiempo real por artistas de distintas disciplinas. Se suelen ver más a menudo performances de improvisación de música y danza, un poco menos frecuentemente, música y pintura. En ambos casos se pueden crear obras de las respectivas artes simultáneamente sin interferencias materiales importantes, puesto que el territorio común no está precisamente en la materia –sonido y silencio– sino en el campo conceptual. El Dúo Conde - Larrosa había realizado anteriormente dos performances: una con los pintores Carlos Amico, Lucas Reinich y Martín Morón, y otra con las pintoras Michalina García y Elena Mosca . En ambos casos se generaron obras notables desde ambas disciplinas, en las cuales era dable apreciar determinados rasgos conceptuales en común.
Pero en el caso que motiva este artículo –música y escultura– el territorio común asume muy distintas características. A la identificación conceptual se agrega un nuevo elemento, toda vez que el escultor, en el transcurso de la creación-construcción de su obra producirá, sin que su subjetividad lo signifique como producto artístico musical, diverso tipo de sonidos. Los sonidos propios de su trabajo, aquellos que en su taller nada significarían estéticamente hablando.
Sin embargo, al compartir el espacio con dos músicos, improvisadores libres, creadores espontáneos en un sitio y oportunidad específicos, puede darse el peculiar juego de crear una música que integre los sonidos producidos por el trabajo del artista plástico como si fueran emitidos por un instrumento más. Sólo que este instrumento no se rige por ningún pensamiento musical, pasa a ser una variable imprevisible que condiciona el aporte de los músicos al resultado sonoro general.
El escultor, por su parte, sale de su labor solitaria habitual, sale de la situación en que está únicamente creando una obra-objeto, ahora su obra la está improvisando, y frente al público espectador y oyente. Espectador del proceso creador, ya no del objeto creado, oyente de sus habituales y diversos ruidos, pero que, en esta oportunidad, se han convertido en parte de la música. Y otro elemento singular que pasa a funcionar a manera de pauta extraordinaria: el tiempo. El tiempo para construir su obra está entre el mínimo necesario para el tallado y el máximo que la obra musical admite. Así el tallado es incesante, por momentos asume un ritmo febril, en menos de una hora debe hacer un bajo relieve. No es fácil, pero él es Meko Soler.
Todo transcurre en
Tampoco improvisar junto a músicos es como hacerlo junto a un escultor. Los primeros son improvisadores libres contemporáneos, comparten determinados conceptos entre sí, los cuales les pueden permitir, no adivinar, pero sí manejarse con sucesivos pronósticos y caracterizaciones transitorios acerca de dónde están ubicados y hacia donde podría orientarse la obra que se está improvisando. Pero un escultor no va seguir lógica musical alguna en principio. Sin embargo su "instrumento" posee un enorme rango dinámico, una variedad de timbres importante y, lo mejor, es muy poco previsible: el contacto con lo inesperado está garantizado.
Performances de similares características pudimos realizar los mismos artistas en
SUPLEMENTO FIESTAS PATRONALES 2006
14 Agosto 2006 - 22:10 (@ :
SUS ESCULTURAS SON FAMOSAS EN TODO EL MUNDO
Meko Soler, un obrero de la madera que trascendió las fronteras
“Yo soy un obrero de la madera, una persona que todos los días se levanta para tratar de proyectar algo, y que ese algo trascienda más allá de la persona que lo hizo”. Con esas palabras, simples, humildes, el escultor Meko Soler define su arte y su oficio.
Nacido el 12 de octubre de 1949 en la ciudad chaqueña de Presidencia Roque Sáenz Peña, Ramón Américo Soler adoptó Avellaneda hace 30 años y ya en forma definitiva. Sin embargo, sus obras trascendieron las fronteras y llegaron a lugares insospechados y a personalidades del mundo.
Sus esculturas en madera están en poder del presidente francés Jacques Chirac, del ex primer ministro italiano Romano Prodi, del Secretario de
Hace diez años, Meko estaba exponiendo sus obras en
Al respecto, Meko explicó que “la gente de
“Les gustó una obra, la llevaron, a Chirac también le gustó y desde ahí
“Eso me abrió una carrera silenciosa, tranquila, que me permitió en ese momento subsistir mediante la venta de esculturas”, comentó Meko, quien además de ser un gran artista y un eterno soñador, es un laburante.
Sus comienzos
Del mismo modo que Meko va moldeando la madera, la vida lo fue moldeando a él hasta convertirlo en un artista. “Soy una persona que empezó desde el inicio del oficio, como tallista, y lentamente y paso a paso fue llegando hasta los albores de la escultura”, se autodefine.
A los 16 años, Meko abandonó su Chaco natal y llegó al conurbano bonaerense. “Luego conocí a una chica de Avellaneda y me vine para acá, hace más de 30 años y tengo dos hijos nacidos en esta ciudad, ya no me muevo más, creo que uno busca un lugar en el mundo y para mi el mío es este”, reflexionó.
Al dejar su pago chico, Meko ya tenía tercer año de dibujo artístico aprobado y luego, entre trabajo y trabajo, se fue formando y capacitando. Al recordar aquellos tiempos, aseguró que “vine a trabajar por una cuestión de rebeldía, hice todo tipo de trabajos, carpintería, albañilería”.
“Siempre trabajando y estudiando, porque mientras tanto me conectaba con gente de
“Luego -agregó- fui ayudante de Enrique Gaimari, que me becó para hacer escultura en su taller, en aquella época yo enseñaba talla en madera en Parque Patricios”.
Meko Soler fue tallista profesional de mueblería durante muchos años y esto le da una ventaja a la hora de esculpir una madera, ya que no todos los escultores empezaron desde tan abajo, desde los inicios del oficio.
Muestras, temáticas e inspiración
Ya en su rol de artista, Meko Soler participó en más de cuarenta exposiciones colectivas y doce individuales en varios lugares de Avellaneda, como así también en el Centro Cultural Borges, en el Centro Cultural Marcó del Pont, en el Espacio Borges de Galerías Pacífico y en
SUPLEMENTO FIESTAS PATRONALES 2006
14 Agosto 2006 - 22:10 (@ :
SUS ESCULTURAS SON FAMOSAS EN TODO EL MUNDO
Meko Soler, un obrero de la madera que trascendió las fronteras
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“En las muestras colectivas la temática está bastante distribuida, en cambio cuando es una exposición individual es más complicado porque requiere otro tipo de esmero, movimiento, organización, que muchas veces, cuando es una exposición colectiva se puede realizar con los componentes de ésta”, aclaró Meko.
En ese sentido, destacó también que cuando la muestra es unipersonal implica un esfuerzo tremendo, porque “hay que movilizar todas las esculturas, son pesadas, están hechas de quebracho, palo santo o algarrobo”.
La opción por esas maderas la justificó asegurando que “son las más duras y la más nobles con las que he trabajado hasta el momento, además son la que mejor se conservan ante las inclemencias del tiempo y los organismos que pudieran dañar la escultura”.
“Las maderas duras me han enseñado que se puede lograr cierto tipo de encanto y calidez, que los materiales más fríos no entregan, la madera es una masa carnosa, dura, que tiene vida, y que si uno pudiera hacer como el Creador y soplar en sus narices, empezarían a caminar”, aseguró Mejo al describir la materia prima de su arte.
Las temáticas preferentes en sus obras son la madre tierra, la figura femenina, la figura del trabajo, la del yunque y la del arado, como una fiel copia del entorno de su niñez.
“Yo llegué a ver a los herreros modelando herraduras, trabajando sobre el yunque, que en definitiva eso me pareció que era la temática que yo iba a seguir, la cuestión artesanal, el dar movimiento a formas rígidas”, evocó con nostalgia.
Consultado sobre sus deseos como artista, Meko expresó que “quiero hacer una escultura más reflexiva, una escultura que no se tiene que quedar en el tiempo, a tratar de compensar la geometría, con espacio y con formas orgánicas, cosa que es mi desafío: compensar lo orgánico con proyecciones geométricas”.
“Más adelante no sé, el artista tiene que ir quemando etapas, yo creo que mi función es tratar de ser un poco polifacético, no anclarme en una línea estructurada porque sería la muerte del artista”, puntualizó.
En cuanto a la inspiración, Meko la descartó como factor fundamental ya que su escultura es muy pensada y elaborada y que “no se puede improvisar, y si se improvisa es para solucionar algún problema técnico de la madera, algún problema de materia prima”.
“Es muy difícil en una escultura crear a partir de la impronta porque, al revés del pintor que puede dar una pincelada de más o una de menos, o regar la pintura sobre el lienzo, acá no tenés retorno”, afirmó.
La docencia
A su oficio de tallista y sus creaciones como artista, Meko Soler le agregó un nuevo rol: la docencia. Su reconocida trayectoria y su generosidad para trasmitir sus conocimiento, lo llevó a inculcar su arte a futuros colegas en el Instituto Municipal de Folklore y Artesanías Argentinas y en diversas instituciones intermedias de Avellaneda.
Meko sostuvo que “el tallista es una persona reacia a enseñar el oficio por una cuestión de competencia, pero cuando yo empecé a enseñar, me dediqué a darle todo a mis alumnos, los dibujos, ánimo, aliento, a enseñarle el oficio, el manejo de la herramienta, las distintas vetas de la madera y como se las puede trabajar”.
“Porque si yo estoy para eso, para enseñar, mi vuelo es mucho más elevado que competir con un alumno –afirmó- yo tengo que prepararlos para que el oficio no se muera”.
“Yo soy un simple eslabón para que la gente pueda realizarse y, a partir de allí, que sigan creando o dándose el lujo de hacer un oficio que muy pocas veces se transmite en forma completa”, aclaró,
Finalmente, Ramón “Meko” Soler aseguró que “uno trasciende no solo por la propia obra, sino a través del mundo que lo circunda, y las circunstancias a veces se dan como para que la gente que ha pasado por al lado de uno gane destacados premios, pero más allá de esos premios, lo importante es la labor realizada y la honestidad con que trabaja la gente que pasó por mi taller”.
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